miércoles 9 de diciembre de 2009

Fue hace VEINTINUEVE AÑOS



El martes 8 de diciembre se cumplieron veintinueve años de la desaparición física de John Lennon, según fórmula atinada del escritor Juan Vicente Melo para referirse a quienes nos dejan pero cuya presencia se mantiene orbitando en nuestras conversaciones. En México, como en ningún otro país diríase no sólo de la comunidad hispanoparlante sino de todo el planeta, la efeméride, una de las más señeras dentro del santoral laico del pop, concita celebraciones, artículos, emisiones de publicaciones especiales, conciertos, homenajes y pretexto para continuar alimentando la beatlemanía, nunca en época de sequía, al menos en México.

Noticias de John Lennon

Por José Homero

Aún puedo recordar esa mañana de diciembre, en los días anteriores a la Internet y a la comunicación instantánea, cuando acompañando a mi madre al mercado volvía en autobús a casa y desde las ventanillas descubrí en la contraportada del Esto una antigua foto de Lennon con sombrero de copa. Creí leer que el titular anunciaba su muerte y pensando que estaba equivocado me apee del autobús para comprar el periódico.

Compré todos los periódicos de ese día y los que siguieron llegando por la tarde a las tiendas de revistas junto al río Coatzacoalcos, en la ribera de Minatitlán. Pero no estoy aquí para recordar, dijera Antonio Cisneros, sino para preguntarme por la significación de la muerte de Lennon en nuestros días.

Si te interesa este artículo y quieres continuar leyendo te invito a visitar la publicación en el Blog de la Redacción de Letras Libres.

lunes 16 de noviembre de 2009

LEER CANSA

En algún momento propuse a El Semanario Cultural, añorado espacio del hoy extinto periódico Novedades, una columna que sirviera como una suerte de diario. El nombre propuesto era Dietario, en homenaje a Pere Gimferrer, quien ensayó una columna semejante, que reunió después en libro. En cierta forma los blogs comparten esa idea: presentarse como diarios íntimos sin serlo. Yo asumo esta escritura, la de este blog con entradas dispersas, como una muestra de una escritura en primera persona pero cuya confesión está tamizada por el respeto a los otros. Interrogado sobre la naturaleza íntima de sus diarios, respondió Gmferrer: "No, mi dietario no es un verdadero diario íntimo, sino una sucesión de ensayos breves." Ofrezco una entrada de este dietario fantasmagórico.


Esta tarde de noviembre velada por un viento ligeramente borrascoso me encuentro con una chica que acostumbra inquirime sobre la escritura o la literatura. Otra vez me dice que quisiera escribir, que deberían ofrecerse talleres para aprender a escribir; “en la editorial son egoístas”, agrega. Aclaro que el único objetivo de la editorial es preparar libros para su edición y que ya es suficiente que se realice una feria del libro, actividad tan ajena a la labor editorial como un congreso gastronómico a la de un restorán y en seguida le pregunto, para no parecer demasiado grosero, si no lleva cursos de redacción —estudia periodismo; eso creo—, aun cuando secretamente sé que nada más ajeno a un escritor que un periodista. Responde que sí, pero que desearía aprender otras cosas. Le recomiendo leer. Me confiesa que se aburre y en seguida se duerme.

La administradora del departamento en que trabajo el otro día me pidió consejos para pensar más lógicamente y acaso también redactar mejor un oficio, una carta. Le sugerí leer. Confesó que carecía del hábito; de niña no se acostumbró a la lectura. Su rostro agostado se sonrojó ligeramente y me dijo que se dormía cuando comenzaba a leer.

¿Por qué se asocia la lectura con la somnolencia cuando no francamente con el aburrimiento? En ocasión de una demanda interpuesta por mi casateniente por no pagar a tiempo, esperaba la resolución repatingado en una incómoda silla de plástico naranja. Mi abogado, harto de trajinar por el reducido espacio de la oficina del Ministerio Público, finalmente me preguntó cómo era posible que pudiera leer, que él se aburría cuando leía. A veces, cuando viajo en taxi y voy leyendo, el conductor se afana en conversar conmigo. Debe pensar que estoy muy aburrido leyendo. No sé nunca cómo decirle que no me interesan sus comentarios sobre el clima ni sobre el mundo.

Leer y estudiar son oficios ajenos, que suelen confundirse. En tanto el vulgo ignora que la lectura es una fuente de placer, la imagen de un muchacho, un hombre o un anciano ensimismado en la lectura, invoca una autoridad de sapiencia o de labor continua. Como la concentración en la pantalla del computador. En mi oficina me dedico a extrañas labores: redactar cartas en nombre del rector cuya redacción terminará embrollando su escribano personal, fichas catalográficas o búsqueda de información por internet. Podría ser un estupendo trabajo, pero la cháchara de mis compañeros de trabajo me repugna. Siendo hijo único, un joven solitario y durante muchos años un trabajador independiente, no estoy acostumbrado al embrutecimiento del trabajo en oficina. Me molestan las peticiones para convivios; pretextos para engullir más grasa, más harina, más azucar, como si fuera necesario convertirse en seres más feos de lo que ya somos; detesto los acordes ramplones de las canciones populares; las honrosas pruebas de lerdez de ciertos compañeros que se ufanan en saber inglés o redacción y que sólo exhiben su insondable cretinez. Prefiero dedicarme a mi computadora. Mis compañeros piensan que trabajo. Antúnez me comentaba que cuando trabajaba en la Secretaría Técnica de Gobierno del Estado llegaba temprano para escribir sus cuentos y todos pensaban que era un trabajador ejemplar, aunque algo extraño porque no se prestaba a la conversación ni salía a desayunar tacos de canasta en la esquina de Leandro Valle —prefería comprar chiles rellenos y tlacoyos en Sebastián Camacho. Marco Tulio Aguilera ha escrito la mayor parte de su obra narrativa en horas de oficina y en recompensa le han premiado con un decanato como el empleado más productivo de la universidad.

La mentalidad burocrática no se interesa por la productividad auténtica sólo por su simulacro, de manera que uno puede estar seis horas en el trabajo aunque en realidad sólo dedique una —o ninguna— a las labores por las cuales deviene el salario. Gracias a la ignorancia uno puede aprovechar ese límite, ese excendente, que es leer, aislarse, pensar.

¿Qué se escabulle detrás de esas imágenes pradójicas de la lectura? Un hombre ensimismado en un libro es un sabio; un hombre escudado tras la pantalla de su ordenador, es un empleado ejemplar. ¿Por qué entonces los legos cuando toman un libro suelen dormirse? ¿por qué esa asociación entre lectura y cama? Quizá porque la incapacidad para vincular la escritura con los conceptos, la inhabilidad para el pensamiento abstracto, propicia marasmo en la conciencia. A mi hijo Ezra, a quien de niño le permití entregarse a los demonios de la televisión y los juegos de video, le he impuesto ahora una dieta de lectura. Me alarmó advertir que para una tarea relativa a la problemática de las drogas, era incapaz de leer los artículos de Savater al respecto o el reportaje de Guy Sorman en Esperando a los bárbaros. Los artículos no eran extensos, el prólogo no era complicado, ¿por qué entonces la renuencia? Con pasmo descubrí que Ezra no podía seguir un argumento, que estaba imposibilitado para el pensamiento abstracto.

Algo hay de cierto en que la lectura causa sueño, pero también hay un extraño vínculo entre lectura y cama. Grandes lectores surgieron de la convalescencia. Roland Barthes cuenta su descubrimiento de Michelet en la cama y Alberto Manguel asocia el comienzo de su vida de lector con los ataques de asma. Pero también es necesaria la división entre lecturas. Sostengo que la poesía, la filosofía y las novelas difíciles deben leerse sentado, de preferencia frente al ordenador, en mi caso. Eso me predispone a una mayor concentración. Siento que comprendo mejor y además puedo transcribir una cita si lo juzgo oportuno. Para la cama, para los días en que de mañana me siento demasiado cansado para emprender mis labores o para ejercitarme físicamente, me amodorro con una novela. También he descubierto que si quiero dormir temprano debo leer un poco en lugar de seguir algún programa o cinta por televisión. Las imágenes nos desvelan, las palabras nos arrullan. Acaso quienes leen y se duermen en realidad están recuperando la imagen primordial de la madre leyendo. Felices sueños.

martes 7 de julio de 2009

NUEVOnúmeroPERFORMANCE

Ya se encuentra en circulación el número 94 de Performance. Pueden consultar la versión digital de la edición
impresa , correspondiente al 20 de junio de 2009.
Performance es un quincenario de divulgación y crítica cultural de actividades artísticas de la ciudad de Xalapa.
Publicado en Xalapa por Editorial Graffiti. Tiraje de 5,000 ejemplares distribuidos de forma gratuita en la zona Xalapa, Coatepec y Veracruz.
Dirigido por José Homero.
Recomendamos en este número las entrevistas de Sergio Raúl López con Carlos Jurado y de Camila Krauss con Billy Barclay. Igualmente son notables los artículos de Luis Enrique Rodríguez Villalvazo
sobre Michael Jackson y de Minerva Garibay sobre los 30 años del Ensamble Clásico de Guitarras.

martes 23 de junio de 2009

NUEVO NUMERO DE PERFORMANCE

He aqui la versión en línea del periódico que dirijo, Performance, editado en Xalapa, Veracruz. En este número El Diletonto discute en torno a la validez del voto en blanco o voto nulo; Rafael Antúnez visita al ceramista Gustavo Pérez en su taller y conversa en torno a su obra reciente y por si fuera poco Gaby Cruz entrevista a Soid Pastrana sobre Anatomía de una rueda. Disfrútenlo y sigan la línea.



Performance 93

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martes 24 de marzo de 2009

SEGUNDO CONCIERTO DE RADIOHEAD EN MÉXICO




El segundo concierto de Radiohead, celebrado el lunes 16 de marzo de 2009, en el Foro Sol, fue reseñado por José Homero para Letras Libres en línea. Pueden leer la reseña siguiendo este vínculo:


viernes 13 de marzo de 2009

DEL OLVIDO AL LABERINTO



Desde la aparición de Kid A se sabía que durante las sesiones de grabación Radiohead había trabajado en otro álbum, que por alguna razón aparecería más tarde.
Thom Yorke ha lanzado anzuelos de significado que a mi gusto son sólo eso: carnadas. Amnesiac sería así un retorno a los orígenes. Con apariciones en la tele, entrevistas para todos, conciertos, firmas de autógrafos y otras paradas obligadas, Radiohead parece resignado a ajustarse a los parámetros pop. Pero no olvidemos la esotérica declaración acerca de que Kid A era estar fuera del fuego y Amnesiac encontrarse dentro de él, lo que motiva a buscar un sentido trascendente —a lo que acaso no lo tiene.
Como regreso, Amnesiac es equívoco. Ciertamente hay ocasiones en que se atiende a una melodía, otras, en las que la dicción de Yorke no está atravesada por los filtros cibernéticos e incluso aparece un riff de guitarra reminiscente del country western y también del largo introito de “Fade out” de Oasis (en “I Might be wrong”). Se percibe también cierto esfuerzo por recuperar la elegancia y la melancolía de antaño con los arreglos minimalistas en el piano, la voz tremolante y los dramáticos acentos en la sección de cuerdas; todo ello muy hermoso pero poco creativo. Complacencia ratificada por canciones como “Knives out”, cuyos círculos armónicos recuerdan al R. E. M. de Reckoning, y el remake de “Morning Bell” (incluido en Kid A), para no hablar del parecido entre los beats de un par de canciones con “Idioteque” de Kid A. Más que regreso parece la obligación de citarse a sí mismos, lo que se llama autofagia.
Mención aparte merece el arte del disco. Habría que ir pensando que para entender a un grupo hay que revisar también su concepto visual. En principio Amnesiac parece desconcertante, no porque represente un grado más allá en la experimentación, como cierta crítica ha dicho, sino porque parece emitida desde un extraño lugar, acaso una encrucijada, donde no hay avance, tan sólo la contemplación de los diversos momentos: el presente, el pasado y el incierto porvenir. Si hemos de escrutar en el arte del libro, de nuevo a cargo de Stanley Donwood y Tchocky, acaso podamos conjeturar que se trata de un duelo irónico ante la desaparición del saber humanístico —hay quien ha leído aquí un homenaje a Farenheit 451 de Ray Bradbury— en aras de la información. Y si atendemos al Minotauro y a la advertencia con respecto a los peligros del laberinto —imagen del conocimiento… podríamos proponer que Radiohead está en el centro de ese laberinto, que puede ser la memoria, la conciencia o las diversas influencias musicales, ávido de decidir su camino y de emplear el fuego para resurgir. Como el Fénix.
Amnesiac confirma que si hay un grupo más allá del rock desde el rock ese es Radiohead. Yo me quedo con la impecable “Dollar & cents”, como ejemplo de lo que el pop es capaz, si se crea con inteligencia, cultura y sensibilidad.

Radiohead, Amnesiac, EMI, 2001.

Reseña aparecida originalmente en la revista Cambio.

lunes 23 de febrero de 2009

PERFORMANCE 85 en línea

Sé cómo les gusta leer Performance. Ya está el nuevo número en línea. Encontrarán un ensayo del poeta Jorge Lobillo sobre el poeta turco Nazim Hikmet, recientemente rehabilitado como ciudadano en su país. Para una mejor comprensión incluimos dos poemas suyos. Otro texto destacado es un ensayo de Rafael Antúnez sobre Gerardo Vargas, artista plástico de Chihuahua, que expone actualmente en Xalapa. Complementan este número un ensayo sobre la situación política y el conflicto entre Carlos Slim y Felipe Calderón, una entrevista con el grupo de reggae-tropical Los Aguas Aguas y una crónica sobre Taumbú.
Performance no es un periódico, Performance es para disfrutarse.

domingo 15 de febrero de 2009

JOSE HOMERO en las AFINIDADES ELECTIVAS

José Homero está en el blog Las afinidades electivas, curaduría poética desarrollada por Rodrigo Castillo, quien ha procurado armar un mapa poético semejante al que se está efectuando en otros países de América Latina, bajo la inspiración de un primer mapa armado en Argentina. Este sitio procura ofrecer y abrir caminos poéticos a través de la configuración de redes, con nodos formados por las propias recomendaciones y menciones de los poetas.
El perfil de José Homero puede leerse aquí:
Las afinidades electivas.

PERFORMANCE 84

La más reciente publicación del periódico de cultura PERFORMANCE, que José Homero edita en Xalapa. Se trata de un periódico gratuito de aparición quincenal, con un tiraje de 5,000 ejemplares. Totalmente autosuficiente. Leánlo; en este número José Homero publica una entrevista con José García Ocejo y una traducción de John Updike. Ya las subiremos a este sitio para que puedan leerlo en edición electrónica, con imágenes propias y vínculos.


lunes 12 de enero de 2009