sábado 25 de febrero de 2012

La intertextualidad explicada a los escritores

El caso Sealtiel Alatriste ha patentizado no sólo la corrupción que aceita la maquinaria de parte de nuestras instituciones culturales y los criterios para otorgar reconocimientos, también nuestra ignorancia de la teoría literaria.



Gérard Genette à propos d'Apostille por Mediapart



Relación de los hechos ..
El 24 de enero se proclamó la designación del Premio Xavier Villaurrutia, cuyo lema es “De escritores para escritores”, a Sealtiel Alatriste y Felipe Garrido. Al primero por sendas obras: Geografía de la ilusión (ensayo) y Ensayo sobre la ilusión (novela); al segundo por Conjuros (cuentos).
A la distancia el dictum del jurado para otorgar la distinción a Alatriste resuena sarcástico o, peor aún, cínico: se le otorga porque “de una manera original y novedosa y con una escritura limpia aborda el mismo tema desde dos ángulos diferentes”; mientras que la obra del segundo se premió en reconocimiento “a los aciertos de su lenguaje y la maestría con que maneja el texto breve”.
La distinción provocó lapidaria opinión de Gabriel Zaid (“Desgracias literarias”, 25 deenero), en el Blog de la Redacción de Letras Libres. Acusó a la UNAM de imponer a Sealtiel Alatriste el lauro. El juicio de Zaid reprobaba la calidad literaria del entonces coordinador de Difusión Cultural y evidenciaba la no tan soterrada relación amistosa y laboral entre uno de los jueces, Ignacio Solares, y el galardonado. Guillermo Sheridan, quien había enjuiciado años antes a Alatriste por sus descarados plagios, intervino en la discusión publicando en el mismo blog “Un premio mal habido” (25 de enero), recapitulación sobre la costumbre inveterada del flamante Villaurrutia de pergeñar artículos periodísticos copiando textos de otros y el engaño ostensible para la literatura mexicana.
Las acusaciones de vileza literaria se acallaron ante la más estentórea de plagio. El calificativo propaló viralmente por las redes sociales. Viejas culpas afloraron: el tráfico con obras de autores desconocidos en beneficio de autores consagrados en esterilidad creativa. Las denuncias soterradas de plagios de obras de autores como Teófilo Huerta –cuyos años ha dedicado a documentar con minucia los casos en Alatriste, cazador de letras; o Víctor Celorio se recuperaron. No faltó quien señalara la concatenación en el relevo de los departamentos de cultura, publicaciones, humanidades de la UNAM de una nómina de escritores vinculados por la amistad: Hernán Lara Zavala, Gonzalo Celorio, Ignacio Solares, Sealtiel Alatriste. Al jalar un poco más el cabo brilló visible hilo: También en la atribución de premios los nombres se barajaban. Todos nos premiamos entre todos y cuando llega uno jala al otro.
El escándalo mediático exhibió el mundo de la literatura y de la función cultural con corruptelas semejantes a las de un cacique priista. Y como en la picaresca de nuestros políticos, parecía que con todo el olaje no tocaría la figura de Alatriste y continuaría protegido por la UNAM. En el culmen de la inmarcesibilidad Alatriste declaró a Proceso que el rector Narro le aconsejó no atender las imputaciones. “Ya lo pensé bien y yo no voy a decir nada. Y la UNAM tampoco va a responderles. Lo consulté con el rector y en eso quedamos.” (“Impugnan el Premio Villaurrutia a Sealtiel Alatriste”, 31 de enerode 2012).
Parecía que una vez más un corrupto exhibido permanecería impune.



Si te interesa este artículo y quieres continuar leyendo te invito a visitar la publicación en la  revista Replicante.

martes 30 de agosto de 2011

José Homero en la Feria del Libro Infantil y Juvenil

En julio ofrecí en la Feria del Libro Infantil y Juvenil de Xalapa una conferencia, con más visos de charla, en torno a la lectura y a mi formación como lector. He aquí una cápsula de esta conversación.



José Homero from dosmilunofilms on Vimeo.

viernes 6 de mayo de 2011

Responso por un sabio

Juan José Flores delineando una carita sonriente. Los hobbies de Flores eran la jardinería, la pintura y el modelismo de aviones.
El domingo 24 de abril falleció Juan José Flores Rodríguez (1939-2011), médico por vocación cuyo espíritu humanista determinó los diversos caminos por los que transitara con el único afán de ser útil a su comunidad.



No puedo concebir el Edén sin esta lavandera, y no
puedo siquiera imaginar un mundo donde
no exista recompensa para un esfuerzo semejante.
 


Juan José Flores Rodríguez tuvo muchas vidas y una sola verdad. Médico de profesión, con especialidad en ginecología, ejerció su vocación con un talante humanista y ferviente voluntad de ayudar; cualidad paradójicamente extraña y con frecuencia ajena a quienes abrazan una profesión cuyo cimiento es la compasión. Recordaba más a un médico británico, uno de esos caballeros que en las landas bárbaras anteponían la caridad a la propia salud, que a los proverbiales mercachifles que infestan la práctica hospitalaria. Diríase que Juan fue médico de la misma manera que otros son poetas o gimnastas: atendiendo el reclamo de una voz interna.
Durante su primera vida, Juan fue un elogiado profesionista que acumuló una clientela selecta que incluía a lo más granado de la burguesía xalapeña sin descuidar la filantropía ni la atención a las familias y especialmente a los niños desvalidos a través de su ejercicio como médico en el IMSS. En una época en que suele mirarse con suspicacia la atención y el acercamiento a los menores, Juan fue un hombre que desde su juventud se encargó de velar y proteger los derechos de los infantes. Fueron estos primeros años llenos de idealismo y de amor franciscano los que determinaron en más de un sentido los derroteros posteriores de la vida de Flores.
A finales de la década de los ochenta una enfermedad, denominada "compresión radicular" que afecta los nervios e impide la precision manual, tajó su práctica como cirujano. La conciencia de la enfermedad clausuró una galería pero no la mina. Juan nunca dejó de ser un creyente y un optimista, un hombre que aceptaba los designios de la divinidad.
La enfermedad reintegró a Juan a la comunidad. Se convirtió así paulatinamente en la autoridad que fue en los campos que hoy más se le recuerda, con menoscabo del excelente cirujano y gran médico que también fue. Flores comenzó a estudiar el sida con un enfoque diferente que los espíritus simples denominaron “negacionista”. Fue un pionero de los estudios que niegan al sida como causa de la inmunodeficiencia y lo enfocan como una situación degenerativa a causa de varios factores, entre ellos la ingesta de drogas, alcohol, el stress, la mala nutrición, los herpes, las enfermedades micóticas…
A mitad de los noventa conoció una moderada celebridad a nivel internacional que lo condujeron a conferencias y simposios en distintas partes del mundo. También a ser el centro de diversos debates, polémicas y en ocasiones enconadas discusiones con quienes defienden el uso de retrovirales y medicamentos como exclusiva forma de combatir la inmunodeficiencia sin ver que son la ocasión de lo mismo que combaten. Escribió también un libro y sus aportaciones fueron reconocidas en varios países, menos en México donde su heterodoxia se asumió con escepticismo, cuando no con sorna.
Si el amor a la humanidad encausó a Flores al estudio de la estructura del sida como emblema retórico –cuánta razón tuvo Susan Sontag cuando denominó a la enfermedad una metáfora– y posteriormente a la investigación sobre cómo fortalecer los mecanismos de defensa e inmunidad fisiológica para combatir los escenarios degenerativos, ese mismo amor lo condujo a convertirse en un emblema de los derechos humanos y de la defensa de la libertad cívica en Xalapa y en Veracruz. No fue gratuito: estudiando los cuadros clínicos Juan descubrió que en gran medida la inmunodeficiencia se debía no a la contaminación, al contagio, sino a que el organismo, bombardeado literalmente por agentes criminales que iban desde la polución hasta la ingesta de drogas con motivos recreativos, quedaba inerme. Flores, valiente como fue, en su afán de proteger la condición humana, denunció entonces la circulación de las drogas en Veracruz y otras variantes del tráfico criminal.
Juan fue uno de los hombres más honestos que he conocido. Lo admiré y continúo admirándolo por su fe, por su bondad, por su inteligencia, por su sentido del humor, por su valentía. A su manera fue un sabio y uno de esos maestros orales que la humanidad conoció en etapas previas al saber literario. No dudo que en el porvenir cueste trabajo evocar a un médico que mejor ha definido el ejercicio de su profesión que él. Fue un político de la sociedad civil más auténtica; un hombre sin mayor ideología que la defensa de la verdad y la denuncia del crimen; un combatiente a favor de la democracia y de los derechos civiles. Murió con la frente en alto como este hombre alto siempre había vivido.
Bashevis Singer, ese extraordinario escritor que fue la conciencia del siglo veinte, recordaba a una anciana lavandera polaca del barrio de Krochmalna, allí donde antaño se asentaba el guetto de Varsovia, pidiendo, Singer, ese creyente escéptico, un lugar en el Paraíso para la noble anciana que sació sus últimas fuerzas cumpliendo con su deber.
 Me es difícil conciliar la idea de Dios con la crueldad del mundo. Sin embargo, me gustaría creer que Juan está en un sitio del Paraíso y continuará velando por nosotros.

viernes 8 de abril de 2011

Retrato a lápiz de Dionicio Morales



El domingo 10 de abril se presenta en la Sala Manuel M. Ponce el libro antológico Retrato a lápiz de Dionicio Morales. Editado por la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, preparé el prólogo del cual ofrezco un fragmento. Quedan invitados a la presentación de este libro que presentaré con Alí Calderón, Evodio Escalante, Armando González Torres y Víctor Roura, además de Dionicio. Los poemas serán leídos por Raquel Olmedo y Roberto D' Amico. Para mayor información, he aquí la invitación.


Antología personal o el poeta como impersonator

He aquí la más completa y prolija antología de Dionicio Morales hasta el momento. Aunque ignoro los motivos que impelieron al moralista[1] a elaborar este libro no quisiera omitir que me recuerda a aquella antología personal que nos presentaba a Jorge Luis Borges en todas sus facetas, incluyendo la fractal. Así la presente, Retrato a lápiz, en la que a la generosa dotación de poemas se suma un compendio con las aproximaciones críticas de Dionicio, sus entrevistas y sus crónicas; varias de estas prosas vicarias, magistrales. 
Muestras de la poesía de Dionicio hemos tenido, una firmada por quien suscribe[2]. La que hoy prologo, incorpora poemas ausentes de otras antologías. Los poemas más representados configuraban a un poeta obsesionado con la luz, más que de la luz. Quisiera reparar en cómo la luz rige con su poderosa imantación la temática de “El alba anticipada”, la luz es negación incluso: “Eras toda la luz reunida/en un vaso de obsidiana./Cuerpo a cuerpo: espejo perfecto.” Luz que no lo olvidemos no procede de un resplandor metafísico, no es la luz, pese a lo barroco del estípite, tronco o pirámide invertida,  que emana de las alturas sino una luz corpórea, emitida por el cuerpo:

La mirada adivina
El movimiento
Involuntario
Y de tu cuerpo
–otra vez tu cuerpo–
crece
lentamente
la
luz
(“El último naufragio”)
De su cintura de aire cincelada
Nace toda la luz. Un aspaviento,
Signo de dejadez y rosa alada,
Detiene al mundo en pleno movimiento.[3]
Junto a estos poemas que configuran una concepción sustentada en el cuerpo como fundamento de las aspiraciones trascendentes, los más emblemáticos de la primera poesía dionisiaca, aparecen hoy, acaso para evidenciar otro posible derrotero en la evaluación de esta poesía, los poemas que expresan de mejor modo la corriente subterránea que impregna de dinamismo esta poesía. Dinamismo en el sentido de Pólemos, de combate entre contrarios. Así junto a la limpidez metafórica y la claridad sintética de las imágenes (“Puse mi mano/sobre tu desnudez/ y se hizo noche”) aparece ya esa preferencia por la expresión coloquial: “Dios como por no dejar/nombra a todas las cosas de rutina”. No sorprende entonces que al revisar esos poemas en apariencia tan luminosos se escuchen ya los funestos barruntos que habrán de orientar los campos semánticos de la poesía posterior de Dionicio: “El primer estallido de la noche/deshizo la memoria”[4]. Negra es la luz, el sol crece como los muertos, cripta es el lecho. Y en ese ámbito donde la negación, donde la filosofía negativa se aposenta del poema, Dios huye y con Su Presencia, la metáfora. Nada sorprendente si consideramos que la metáfora se vincula a poesías trascendentes y metafísicas porque en sí la metáfora es una expresión y una concepción del mundo. 
Frente a la reificadora y reinante (Júpiter tronante) aparece la modesta y tortuosa sinécdoque, la también juzgada metonimia. Con ella la poesía si bien no renuncia a la herencia mítica sí se encamina por otros barrios: la poesía con polvo de la calle en las costuras.
De la divina pareja a la pareja devino
La pareja mítica de la poesía de Octavio Paz se convierte en la pareja del accidente, de ese amor que se agosta y agota en la búsqueda incesante.[5] No hay aquí fundación porque esta pareja no prohijará progenie. Se agota en sí misma. Gerardo Deniz, en “Posible“, opuso a la visión mitologizante del encuentro amoroso propuesto por Octavio Paz en Piedra de sol[6] una versión descarnada, sucia, gozosamente corpórea. Asentaba Deniz en una de las prosas/glosas explicativas su disgusto con una visión trascendente del amor:
Se dice en muchos tonos, y para llevar agua a muchos molinos, que el “amor genuino y realizado” alumbra, mueve y hasta ayuda a transformar el mundo.
Yo, en cambio, opino que cuando llegue el día en que te encuentre (lo cual es posible) no va a cambiar nda, ni lo que algunos juzgan “importante” –la esperanza, las guerrillas, p. Ej.– y ni siquiera el sentido dado al canto de las avecicas (palabra ridícula puesta adrede) al amanecer: la gente progresista es muy dada a las metáforas aurorales. (A propósito de ese canto, además, si por casualidad cambiara, yo ni me daría cuenta, pues al amanecer me propongo estar siempre durmiendo, gratamente fatigado, como se describirá al final del poema.)[7]
Contemporáneo a este poema es el de Dionicio, también propuesto como un encuentro en un hotel de paso, según indican los pasos taciturnos sobre la alfombra:
¡Ah! nuestros cuerpos enlazados
principian el mundo
y una vez más somos
los primeros habitantes de la tierra
los que en estos momentos
no haremos descendencia
y dejaremos aquí
grabados en blanco nuestros nombres.[8]
Sería interesante discutir si la propia tematización disuelve la tentación de la identidad y por ende de la concepción mitologizante que conlleva una poética de la metaforicidad. Cuando el amor se convierte en una unción entre desconocidos, semejantes tan sólo porque no embonan sexos complementarios sino combaten con armas idénticas en la noche trastrocada, no puede proponerse una fundación y con ello, Dionicio, lector fiel de Paz y de sus herederos, entre ellos otro crítico de la lección metafísica, Gabriel Zaid, se convierte en crítico de la tradición en que aparentemente se inscribe:
Pero tú y yo    como todos los demás
No escribiremos la historia.[9]
Anoté que Dionicio va ofreciendo, va arrojando inscripciones y señales para quien desee orientarse por sus calles. Al componer una antología que muestra la diversidad facetal de esta obra podemos apreciar y cotejar los gustos, preferencias y orientaciones críticas con la propia poesía. La elección de los poetas y artistas aquí presentes, convocados a través del gesto cómplice de quien se asume ante todo como un poeta y desdeña, con mohín coqueto a académicos y eruditos, indican una poética y representan, constituyen, una disección para quien quiera y pueda, lea y comprenda cómo funciona el sistema sanguíneo, los órganos internos de esta poesía.
Más allá de la proliferación de prosopopeyas, más allá de los claroscuros a qué pueda incitarnos “La lección de Anatomía”, me gustaría atraer la atención, como el dómine en ese cuadro en este momento sólo recordado de Rembrandt –ya cederé a la tentación de confrontar mi recuerdo con la imagen más tarde–, hacia ciertas observaciones que exhiben a Dionicio. Octavio Paz nos recordó en su libro sobre Xavier Villaurrutia que toda crítica es una forma de retratarse las entrañas. Dentro de la pintura o el fresco, el mural que Dionicio ha compuesto, me llaman la atención sus observaciones sobre poetas, artistas, creadores agrupados en laa secciones “Conjuros y divagaciones” y en “Música para los ojos”.
Quien se aventure a espigar una crestomatía con sus observaciones –Dionicio es un crítico de mirada penetrante,  a quien basta la intuición para calar dentro de la profundidad de una obra–, encontrará, conmovido, que en el ramillete así selecto las flores del alba componen un racimo de ojos –verdes, no azules– en los que es visible la mirada propia del poeta. Si he advertido que  la tematización de la luz se antoja indisociable de su vinculación con la ofuscación, con la negación de esa luz –o su conversión en su opuesto, del mismo modo que el alto sol se convierte en un sol del subsuelo, con resonancias egipcias–, ¿cómo no interpretar esta observación sobre la poética de Carlos Pellicer como una pincelada autoreferencial?:


  • Pellicer es un poeta solar y un cantor de la vida, a prueba de todo; por eso no es de extrañar que las siguientes manifestaciones amorosas, sus recogimientos personales, tengan como punto de partida en su poesía el otro extremo: la noche, cómplice generosa en la que se cumple, se ovilla o nace el día. [10]
De igual modo al leer la emotiva e informada semblanza de Abigael Bohórquez (“Las amarras terrestres”) un retrato modélico y encontrarnos con este apunte sobre B. A. Y G. Frecuentan los hoteles una inscripción que es una señal sobre el poema ya comentado de Dionicio. ¿Cómo no evocar los propios versos de Morales al leer la siguiente descripción?


  • Cada ciudad visitada, cada hotel, son nuevos ante la mirada ajena. Cada cuarto tiene una sospechada libertad cuando “la puerta se echa encima de sí misma”, escribiría Pellicer, en el espacio sagrado en el que la pareja, como otras tantas –heterosexuales– cree inaugurar el mundo.[11]
De modo que si bien el diálogo que el poema asume con la visión metafórica de Octavio Paz es evidente, no menos cierto es que a la referencia huertiana, tan presente en esta obra, debemos aunar la presencia no por fantasmal menos corpórea de Bojórquez.

Me gustaría concluir con un caso: si en la poesía de Dionicio los territorios combatientes de contrarios (la luz/la sombra; el viento/la tierra; la altura/la profundidad; el amor/la soledad) aparecen claramente trazados, en su obra crítica una referencia es la experiencia sensorial. Encontramos un indicio para una posterior hermeneútica de esta poesía en la consideración de la luz como fruto emitido por un cuerpo. Sumemos a ello que en las derivas críticas de Morales son constantes las alusiones a la experiencia sensorial. Más aún, el énfasis denota el interés que Morales posee por convertir el sentido en una extensión del disfrute a través de la piel, de la corporeidad de los sentidos. Escuchemos:
  • Carlos Pellicer pertenece a la estirpe, ya lo dijo alguien, de los exagerados: prefirió pecar de incontinencia –en todos los sentidos y con todos los sentidos– que de avaricia.[12]
  • Los poemas VIII, IX y X guardan el momento perfecto del amor –si se tiene la lucidez dentro de la inconsciencia para descubrirlo– que la mayoría de las veces es el emisario de la debacle amorosa, cuando el desprendimiento de uno mismo, provocado por la entrega total al ser amado, lo eleva a la encarnación última de todos los sentidos.[13]
  • Alí vive, con todo y consecuencias, los momentos propios de la joven embriaguez –carnal y espiritual– que une cielo y tierra en una idéntica alma, en una misma carne. Las palabras muestran su primigenio origen para, al contacto con el famélico discernimiento de Chumacero, conferirle “otro” sentido a su real significado, como lo hace todo gran poeta. […] Cuando la caída amorosa, cúspide del amor, no nace del consabido desastre, el poeta anhela “un alto simulacro de ruinas”, para no equivocarse en sus palabras y tener la certeza de que son pecadoramente puras. Como en Pellicer, ses dimensionan los sentidos: ojos, lengua, manos, oídos, nariz, ganan poco a poco sus espacios –unos más que otros– para posersionarse de las palpitaciones todas que ella, nacida para su caricia, dice Chumacero, exhala con insinuante libertad, aherrojada sólo por las nuevas capitulaciones de él.[14]
Xalapa, Ver. Enero de 2010
Para mayor información sobre la presentación del domingo 10 de abril dejo este vínculo: Presentan en Bellas Artes el retrato de Dionicio Morales.

[1] Preguntan mis amigos
por qué hago
reproches
morales
Y yo les respondo:
Es que hago  honor
A mi apellido.
“Huertiana II”, en Inscripciones y señales, Ediciones Ansión, México, 1985. P. 41.
[2] Dionicio Morales, Selección y nota introductoria de José Homero, Material de Lectura, Serie Poesía Moderna número 200, UNAM, México, 1999.
[3] “La bailarina”.
[4] Todas las citas corresponden al poema “Señales”.
[5] Los que medimos la estatura del hombre
por lo sueños       y recogemos miradas de quien sea
porque tenemos ojos para todos
nosotros      los buscadores del cuerpo
que se atreva a recordar el nuestro
los que morimos a diario por pedazos
al querer recobrarnos en cualquiera
“Los innombrados”, Inscripciones y señales, op. Cit. Pp 55-56.
[6] todo se transfigura y es sagrado,
es el centro del mundo cada cuarto,
es la primera noche, el primer día,
el mundo nace cuando dos se besan,
gota de luz de entrañas transparentes
el cuarto como un fruto se entreabre
o estalla como un astro taciturno
Piedra de sol, Octavio Paz,
[7] “Posible” [glosa] en Mansalva, Lecturas Mexicanas 85, Segunda Serie, SEP, México, 1987, p. 115.
[8] “Señales”
[9] Ibidem.
[10] “Carlos Pellicer:
[11] “Abigael Bohórquez: Las amarras terrestres”.
[12] “Carlos Pellicer: Era mi corazón piedra de río”.
[13] Ibídem.
[14] “Alí Chumacero: Amor entre ruinas”.

martes 26 de octubre de 2010

SIZE: Aquella ola de los ochenta

Ha muerto Jaime Keller, mejor conocido como Illy Bleeding, ex front man y legendario cantante de Size y actualmente de Los Robotes Trucosos, con los cuales grabó un disco de inminente aparición. Illy murió tras sufrir un accidente de tránsito a bordo del taxi en que viajaba. Comparto esta semblanza y crónica sobre los inciertos orígenes del punk mexicano. Sirvan como un treno para despedir a Illy.


Por José Homero






La historia del rock mexicano aún está por escribirse, en especial sobre el periodo de las postrimerías de los setenta a comienzos de los noventa, previo al impacto masivo de los nombres más representativos de la escena contemporánea.
Para nuestros grupos no hay wikipedistas; es difícil localizar sus grabaciones, incluso en formato mp3. Y así se reitera que la escena del punk rock mexicano comienza con Size* y con Dangerous Rythm, que eran fresas de Polanco y de Las Lomas –no lo digo yo, lo asienta un libro: Por los territorios del rock y lo repiten por toda la red, blogs y ezines.
Nadie puede vivir con un monstruo, documental aún inédito, a través de su trailer, visible en youtube, nos muestra a un amanerado Guillermo Santamarina, Tín Larín en sus días punkies, declarando ser el primer punk en México aunque seguido por Illy Bleeding, para en seguida contradecirse y acotar que es probable que Illy haya sido el primero.
En una revista Interviú de 1978 ¬–edición mexicana, número 24–, un misterioso Jesús Bojalic –sí, con c, no con l– reseña un concierto de un extraño grupo denominado Salida falsa y aceptada, en un sótano de Coyoacán denominado El tugurio, y charla con el Doctor Morbo, guitarrista, quien no se asume punk. No he vuelto a encontrar referencias del grupo, excepto citado como pionero del punk mexicano. ¿Alguien lo oyó? ¿Qué tocaban, quiénes lo integraban?. Lo curioso es que este grupo contaba con un sintetadorcista, según informa la crónica, lo que indica que fuera Size o Salida falsa, el nacimiento del punk mexicano está vinculado a la difusión de los teclados y su accesabilidad. No olvidemos que una de las veredas por las que se decantaría la eclosión punk sería el punk con sintetizador hasta devenir en el synth pop.
Dangerous Ryhtm, en su vicisitud como Ritmo Peligroso y en especial su vocalista Piro Pendas (antes: Piro Maniac), logró un reconocimiento más allá de los círculos críticos y de los seguidores incondicionales. Su reunión en el reciente Vive Latino fue un acontecimiento. Size en cambio, quien no logró asentarse en disco, pues su grabación de 1984 se imprimió hasta una década después, pareció diluirse, como los sonidos de sintetizador en los noventa. Sin embargo, mientras grupos e iconos longevos adquieren los colores mortecinos de los tricromía expuesta a la luz, Size e Illy Keller se agigantan alcanzando estatus de culto.
En 1978 surge Size con Illy Bleeding (o Illy Kosovo, Illy Godzilla e incluso Illy Keller), Walter Schmidt (también Dennis Sanborns), Carlos Robredo (This Grace) y Dean Style. En sus seis años de existencia dejaron huella con canciones memorables, y patentizaron las vicisitudes y el devenir que la escena musical experimentaría a raíz del punk.
Canciones como “Tonite” acusan el influjo del punk en el fraseo de Bleeding y en la crudeza de la letra, pero prepondera el elemento bailable, cifrado ya desde el inolvidable intro, con efectos juguetones, líneas funk en el bajo e inquietantes y líricos subrayados de sintetizador, que le otorgan ya un inconfundible sello pospunk. Se trata de la asimilación mexicana de esa experiencia punk que se decantó hacia la electrónica efectuada con instrumentos baratos, que comenzó Daniel Miller y expresaron mejor Fad Gadget y Depeche Mode.
“Tonite” o “Go Go Girl” siguen estando entre las mejores canciones del rock mexicano. Otras melodías revelan su complejidad mediante una escucha atenta. “Time Trap”, que se asume plenamente synthpop, deriva previsible dada la trayectoria de Schmidt y Robredo, pero también del interés de Illy por la escena neorromántica, más compatible con su arraigo glam, de discípulo de Lindsay Kemp, es, con su recitativo estilo bowiano, una de las mejores canciones del rock en México.


 La fotografía del accidente vial del sábado 23 de octubre que provocó las contusiones que ocasionaron la muerte de Illy. Foto tomada del perfil en facebook de Illy.

* Como se puede notar al leer la entrada, en wikipedia se consignó a Size después de leer mi semblanza, la cual citan.
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jueves 17 de junio de 2010

McCartney: Rockeando a los sesenta





Pocos compositores de música popular han creado un cancionero con tal amplitud de registros rítmicos y con tal calidad, además de su aceptación en las listas de éxitos, como Paul McCartney, cuyas incursiones se extienden a la música culta. Acaso su referente más inmediato sea Irving Berlin, un compositor con más de quinientas piezas registradas, considerado por George Gershwin como el Schubert norteamericano.
Esta gama musical permite que McCartney sea uno de los pocos músicos capaz de abordar su obra con diversas perspectivas sin renunciar a ofrecer al mismo tiempo un catálogo de éxitos. Si todos los caminos llevan a Roma, todas las perspectivas en McCartney vizoran éxitos. En el caso de la literatura a menudo nos enfrentamos con lecturas personales de una obra que privilegian ciertas zonas. El caso hoy paradigmático es la Antología personal de Jorge Luis Borges. Un músico pop en cambio suele verse limitado para emprender recapitulaciones sobre su obra a la longevidad de su trayectoria y al éxito de sus creaciones. El mundo pop es efímero y pocos, regularmente los considerados leyendas, pueden sumar más de diez éxitos o canciones reconocibles –en el ámbito rock, lo popular no llega siempre a los charts. Por ello intentar lecturas, a la manera de una retrospectiva plástica con curador caprichoso, es difícil. A menos que seas McCartney y puedas darte el lujo de encauzar el caos con una dirección.
Desde 2002, McCartney ha orientado una nueva lectura de su obra. Durante décadas, especialmente a raíz de la desintegración de The Beatles, ha sufrido la acusación de facilismo, de melodiosidad irreflexiva por quienes se consideran epítomes de la gruesex. En pocas palabras de superficialidad. Si el gusto popular se solivianta en los maniqueísmos que permiten la simplificación, a la profundidad e innovación de John Lennon se opondría la ligereza y el conservadurismo de Macca. Lo cierto es que dicho maniqueísmo se revela tan inconsútil como cualquier otro al someterlo a escrutinio. Lennon no fue el innovador lírico que se quiere ver –dos de las mejores letras del repertorio Beatle son obra de McCartney: “Eleanor Rigby” y “Rocky Racoon”– ni tampoco el rocker del grupo: la única canción beatle aceptada sin resquemores en el catálogo del hard rock, “Helter Skelter”, la firma Macca. Cuidado: no estoy negando valores a Lennon, sólo afirmo que ninguno de ambos es únicamente emblema de una polaridad.
Inextricables son las razones por las cuales McCartney, en sus sesenta, ha decidido abordar su obra desde una recapitulación rockera. Acaso porque él fue siempre el más rocker de todos. Bastaría con recordar el encuentro memorable en la tardeada de la Iglesia de Saint Peter, en Woolton, Liverpool, cuando dejó sorprendido a Lennon interpretando el “Twenty Flight Rock”. Lo cierto es que desde la conformación de esta nueva agrupación, hoy denominada Paul McCartney Band, con Rusty Anderson y Abe Laboriel Jr, como músicos centrales, a quienes conoció siendo músicos de sesión para su canción “Driving in the US” en 2001, su repertorio de concierto se ha construido en torno a la vertiente rockera.
La lista de canciones de la gira Up and Coming, nombre para la gira de Norteamérica –en Europa se denominó Good Evening, Europe– se construye con base en esta cualidad. Aunque con justeza podría decirse que en la última década, a raíz de los conciertos para la Ciudad de Nueva York, realizados para honrar a las víctimas del 11 de septiembre, el repertorio de McCartney ha privilegiado su veta más eléctrica y enérgica mientras que su más abundante vena lírica, que tantas críticas mereciera, apenas si es representada. Podría decirse incluso que el hecho de que sean “Helter Skelter” y “Sgt Pepper’s Lonely Hearts Club Band” las canciones elegidas para concluir el concierto en vez de la esperada y previsible “Yesterday”, indica claramente la dirección de sus intereses. Y sí, antes no era así y de hecho, con excepción de aquella memorable gira que produjo Wings over América, que aportó al rock uno de los mejores registros de un grupo en directo –el disco homónimo–, los conciertos de Macca eran más bien ñoños y aburridos.
Los setlist de esta gira, con las variaciones de los conciertos ofrecidos en el Foro Sol de la Ciudad de México el jueves 27 y el viernes 28 de mayo muestran un predominio de composiciones de Macca durante la época de The Beatles, incluyendo “A Day in The Life”, cuya autoría, a diferencia de otras canciones emblemáticas como “Let it be” u “Ob la di, ob la dá”, no es por completo suya.
El concierto se encuentra diseñado en principio por una alternancia entre composiciones de la etapa postbeatle y el rescate del acervo beatle. Al abrir el concierto con un meddley de Wings –“Venus & Mars” cede paso a “Jet”– y al privilegiar prontamente la vena rítmica, la banda de Macca se asume como un exponente del brit pop, con momentos recordando a Oasis, especialmente en “Let’ Em In”, un grupo que entiende el rock más como énfasis rítmico y como reiteración de acordes que como un vehículo para el virtuosismo y la improvisación.
El concierto del viernes 29, al que asistí, fue emotivo. Digamos que su interpretación es impecable, con el deterioro natural de la voz. Pocos músicos como The Beatles tuvieron un entrenamiento tan riguroso en el arte de entretener y eso Macca lo tiene bien aprendido desde sus días cantineros de Hamburgo. Se pasea, saluda, agradece, saca una bandera mexicana que entabla una contradanza con la bandera de la Union Jack, saluda “a los chilangous” –y pocos recuerdan que Jagger, en el 95, al mirar a los asistentes vip exclamó “qué lindas frrrressas”– y se sacude al ritmo del coro “Paul, Paul, Paul”.
En un país que vive el trauma de nunca haber visto a The Beatles en vivo, lo más cercano es Paul McCartney. Por ello los momentos más conmovedores en un concierto por demás memorable –y excelente, más allá de los credos y filias personales: puedes no ser fan de The Beatles y admirar la calidad y la vitalidad demostradas– son cuando alude a su amigo George o a su “amigo John” y les dedica, respectivamente, la interpretación de “Something” –la cual ya había interpretado en su gira anterior, Driving in Mexico– y “Here Today”, canción que dedicó a la memoria de Lennon en el disco de 1982, Tug of War.
En un concierto de momentos memorables: la petición de que se enciendan los encendedores para acompasar la canciónShine the Light, Mexico”, compuesta en recuerdo de su anterior visita, cuando la costumbre mexicana de encender la mecha de los encendedores le sorprendió, las dedicatorias a sus compañeros beatles o la interpretación de canciones anteriormente inéditas en concierto, como “A Day in the Life”, lo más sorprendente es la vitalidad de un hombre de sesenta y siete años, a quien se le ve el oficio como entreteneur pero al mismo tiempo el asombro de un adolescente que sabe que el rock es ante todo energía y comunión. Para quienes nos resistimos a integrarnos a la masa en una época que exige el aislamiento y al mismo tiempo la unificación resulta insólito ver a una multitud conmoverse mientras entona “Hey Jude” o el arrobo con que son saludados los acordes de “The Long and Winding Road”.
Dos horas cuarenta minutos, treinta y cinco canciones, dos encores y McCartney, a resguardo de la lluvia, concluye su última tríada cantando esa memorable canción, poco reconocida, “The End”, que, como todo fan beatle sabe, es el auténtico legado y epitafio del grupo, ya que fue cronológicamente la última canción grabada por el grupo: “Y al final, el amor que uno recibe/es igual al que uno da”. Cuando se piensa que todo este amor que Macca recibe de sus parroquianos y devotos, es una recaudación de todo el amor que él, a través de su legado, a través de su vida –esposo fiel, padre dedicado, vegetariano y pacifista congruente– uno se estremece. Un auténtico héroe aunque para los roqueros trasnochados el único héroe sea el que se inmola.

jueves 4 de febrero de 2010

CONCIERTOS BENEFICOS



Patrick Jane, en la serie televisiva The Mentalist, dirige una alocución con su peculiar estilo descarado a los millonarios asistentes a una gala benéfica y los insta a levantar la mano si están satisfechos por no ser pobres; en seguida les pide no bajar la mano si están dispuestos a donar. Como remate no asesta una frase que Gracián hubiera elogiado como muestra de la agudeza del ingenio sino que pide a un divertido caballero de la fila más próxima busque en el bolsillo izquierdo de su esmoquin. El acaudalado decano extrae una pequeña paloma temblorosa.

Hay una retórica en nuestra cotidianidad y acaso pocas culturas más retóricas que las anglosajonas. Cuando me enteré de la gravedad de los sismos que estremecieron a Haití, recordé que apenas unos días antes había visto en E! Entertainment Televisión una entrevista con Wyclef Jean. El rapero destacaba el papel que las unidades deportivas desempeñan como puntos de referencia para los jóvenes pobres, siempre tentados y copados por la delincuencia como única alternativa a un mundo miserable y aburrido, y promovía donaciones para su natal Haití. Así que pensé: seguro Wyclef hará una gala benéfica para recaudar fondos. Una ocasión como ésta amerita un concierto con estrellas pop reunidas.

Si Patrick Jane, ingeniosa y cínicamente encarna el papel del mago que obliga a la gente a extraer su chequera, en una secuencia que recuerda a las cenas benéficas que abundan en el mundo de Bruce Wayne, en el ecosistema pop las cenas y galas de beneficencia han sido sustituidas por los conciertos. Si antes se ironizaba al decir que si una noticia no salía en los diarios no existía, hoy podríamos afirmar que una desgracia que no es soliviantada, así sea parcialmente, por un concierto de beneficencia, no es una tragedia.

Si quieres seguir leyendo, te invito a pinchar en este link: CONCIERTOS de CHAROLA

sábado 26 de diciembre de 2009

PEREGRINO en su PATRIA



Letras Libres publicó en su número de diciembre una reseña mía sobre Una visita a Marius de Zayas de Antonio Saborit. Ofrezco ahora la versión extensa de esta crítica, ya que la versión publicada es más concisa.

En un episodio de la serie televisiva Los Simpson, celebratorio del Día de San Patricio, Homero abraza a su padre y emite una de sus delirantes analogías. Para que el padre entienda la comparación Homero aclara que se trata de una metáfora. El padre responde: “Sí, sé que te encantan las metáforas”. A Marius de Zayas, uno de los mexicanos más universales y al mismo tiempo desconocido en su país, también debieron de encantarle las metáforas.
Calificar a su paulatino, gradual y aún no concluso descubrimiento en nuestro país aludiendo la parábola de El Hijo Pródigo puede parecer artilugio de gacetillero o de cierto cronista gritón quien iguala pródigo con prodigio. Y lo sería de no ser porque Zayas, tan aficionado como era a comparaciones que diríamos tópicas (denominar golondrinas a los viajeros, por ejemplo en una de sus crónicas “La emigración de las golondrinas”), reseñó el regreso de Theodore Roosevelt a Estados Unidos en 1910 como “El retorno del hijo pródigo”.
Por tal razón se antoja un guiño sincrónico que Luis Mario Schneider intitulara su ensayo sobre este generoso promotor del arte: “Marius de Zayas o un rostro del Hijo Pródigo”. Se trata de un texto encomendado para situar la recopilación de la obra mexicana de Zayas dentro de la exposición retrospectiva que el Museo Rufino Tamayo preparaba para 1983. Con la muestra cancelada igualmente se suspendió el catálogo. Debieron pasar cerca de ocho años, para que en 1992 se editara finalmente el ensayo, acompañado de una selección de la obra que Zayas realizó y publicó de 1902 a 1907, poco antes de su partida del país. Acaso por ello, Octavio Paz, conocedor como pocos de la génesis del arte moderno, al comentar las notas que Guillaume Apollinaire, crítico de arte, dedicó a tres artistas mexicanos: El Doctor Atl, Diego Rivera y Marius de Zayas denominó a éste como un artista mexicano aunque “lo sea sólo por el origen” (Vuelta 69, agosto de 1982). De hecho, al particularizar sobre la nota de Apolllinaire, Paz reitera y con ello matiza que Zayas es un “artista de origen mexicano” (ibid), lo que implica una singularización –no aclara nunca que Rivera o Atl sean de origen mexicano, los asume como tales. Debieron de pasar aún varios años para que del dorado polvo de la leyenda emergiera la figura de De Zayas precisando sus rasgos en plenitud. Más años debieron tanscurrir para que comprendiéramos que ese artista “de origen mexicano” nunca dejó de asumirse como mexicano y que en plenos años veinte solicitó un pasaporte mexicano, el cual le fue negado por el Consulado General de México en Nueva York en 1923. La reseña de este suceso la escribió Rafael de Zayas Enríquez en La Revista de Yucatán y la cita Antonio Saborit en Una visita a Marius de Zayas. Recuerda el padre, escritor de mérito cuya novela Oceánida exige una relectura:

  • Es también de advertir que para los intereses particulares de mi citado hijo muy provechoso le habría sido naturalizarse en este país, y así se lo han aconsejado muchos, sin que haya cedido jamás a las instancias, por respeto de su país, patria de sus padres.

Si la parábola bíblica del regreso filial resulta idónea para denominar la recuperación de este apóstol del movimiento moderno, no menos cierto es que su historia parece narrada a través de elipses, al modo de esa novela clave del modernismo, El buen soldado de Ford Madox Ford. Sólo que aquí no nos internamos en un relato de desventura y traición sino en una historia diríamos de heroísmo intelectual. Desde 1982, cuando la institucionalidad cultural programaba una retrospectiva –que se canceló– para conmemorar el centenario de Marius de Zayas (Veracruz, 1880-Connecticut, 1961), mucho se ha aclarado en la percepción de esta figura titánica. Celebrado como artista plástico, gracias a la publicación de su obra escrita en esta última década hemos conocido al teórico y al crítico de arte que a través del oficio galerístico difundió su credo estético y vital. A la publicación de La evolución del arte moderno (Breve Fondo Editorial, 1998), manuscrito inédito de 1928 que buscaba presentar al público estadunidense la idea del arte moderno, siguió un texto fundamental para la historia del arte moderno en Estados Unidos. Cómo, cuándo y por qué el arte moderno llegó a Nueva York revela, además de la fidelidad a una estética –el evolucionismo aplicado al arte y la idea de que el arte es expresión de su época, del Zeitgeist, concepto entonces célebre–, la repercusión que los trabajos de De Zayas tuvieron en Nueva York.
En las crónicas que De Zayas escribió para las diversas revistas en que colaboró y que se reúnen en Crónicas y ensayos aquilatamos a un elegante cronista, a ratos influido por la prosa modernista de sus contemporáneos y de su propio padre, el escritor, político, periodista e ideólogo Rafael de Zayas Enríquez; o disfrutamos con fruición el humor y la ironía imbuida de wit que debió practicarse en aquel Gigante tendido, como Paul Morand llamó a Manhattan. Y así, al ilustrador, al caricaturista de vanguardia, al educador en el credo de la forma, al galerista y divulgador del arte moderno sucedió en nuestra apreciación el escritor, el cronista ingenioso y capaz de emprender un reportaje en el mejor estilo del periodismo moderno (“Los apaches de París”) mientras no dejaba de soslayar como las más auténticas cualidades suyas el don de la observación.
Antonio Saborit parte en Una visita a Marius de Zayas, un libro que funge como firme acercamiento biográfico a la vez que de panorama de la obra de MZ, de la idea de los mapas de Walter Benjamin. En un primer movimiento narra las guerras de la política y las ideas en el México finisecular. Comprende desde el necesario contexto que dilucida el carácter del padre –cuyo credo sociológico y su teoría de la raza serían decisivos en la conformación del punto de vista evolucionista de Marius– y las vicisitudes que su pasión política le causó, signando el derrotero del clan Zayas, hasta la presentación de Marius como retratista en la prensa escrita.
En un segundo mapa situamos al cronista y caricaturista “mundano y teatral”, según fórmula de José Juan Tablada, trabando amistad con el fotógrafo e introductor del arte moderno en Nueva York y por extensión en Estados Unidos, Alfred Stieglitz, y convirtiéndose en una figura de la vida social neoyorkina.
Aún ahora cuesta pensar que un veracruzano cuya pluma preservaba figuras retóricas como el epíteto y cuya construcción favorita era la alegoría y el engarzamiento de metáforas, más un modernista que un moderno, fuera decisivo en la transformación del gusto en la posterior capital del arte: Nueva York. La faceta del intermediario cultural es el tercer mapa que ubica las andanzas de este moderno Mercurio uniendo literalmente ambos mundos.
Concluye Saborit su visita con un mapa donde vemos a De Zayas como un teórico de la estética del Modernism. Esta teoría que proponía una reconsideración desde el punto de vista formal de la historia del arte se expresó igualmente en la vertiente de De Zayas como marchand. Rotas las relaciones con su socio parisino, De Zayas abandonó la escena pública. Emigró a París y se aisló en su castillo de Rivoiranche, al sur de Grenoble. Complementa al bello libro preparado por el fotógrafo y diseñador David Maawad y Alberto Tovalín, responsables respectivamente del diseño y de la coordinación, una abundante y bien presentada muestra de la obra plástica de De Zayas.
Escribía Saborit en el prólogo a Cómo, cuándo y por qué... que la relación de De Zayas con la recepción del arte moderno en Nueva York preparaba el camino para estudios posteriores sobre Alfred Stieglitz, las revistas que él fundó y la propia galería de De Zayas. Y afirmaba:

  • La vida y la obra de De Zayas, en cambio, no tuvieron un cronista a la altura de su propia generosidad y desapego ni de su interés por fijar algunos de los acontecimientos en la creación de públicos para el llamado arte moderno en Nueva York.

Me gustaría imaginar a Saborit escribiendo estas líneas y sintiendo un ligero cosquilleo, la excitación intelectual que indica que hay una veta ahí en esa superficie inextricable. Hoy podemos aclararle que su afirmación ha dejado de ser cabal. La vida y la obra de De Zayas han tenido en Saborit un cronista a la altura de la generosidad del veracruzano excéntrico. Y nosotros, mexicanos de otro comienzo de siglo, estamos recuperando a una figura titánica que situó a México en el escenario de la vanguardia mundial. Ciertamente aún quedan muchas facetas por descubrir y estudios por venir pero la tarea de Saborit ha sido fundamental para la recuperación de un mexicano que nunca renunció, pese a los empeños de sus enemigos políticos, a su patria, a la patria de sus antepasados, dijera Rafael de Zayas.

miércoles 9 de diciembre de 2009

Fue hace VEINTINUEVE AÑOS

El martes 8 de diciembre se cumplieron veintinueve años de la desaparición física de John Lennon, según fórmula atinada del escritor Juan Vicente Melo para referirse a quienes nos dejan pero cuya presencia se mantiene orbitando en nuestras conversaciones. En México, como en ningún otro país diríase no sólo de la comunidad hispanoparlante sino de todo el planeta, la efeméride, una de las más señeras dentro del santoral laico del pop, concita celebraciones, artículos, emisiones de publicaciones especiales, conciertos, homenajes y pretexto para continuar alimentando la beatlemanía, nunca en época de sequía, al menos en México.

Noticias de John Lennon
Por José Homero
Aún puedo recordar esa mañana de diciembre, en los días anteriores a la Internet y a la comunicación instantánea, cuando acompañando a mi madre al mercado volvía en autobús a casa y desde las ventanillas descubrí en la contraportada del Esto una antigua foto de Lennon con sombrero de copa. Creí leer que el titular anunciaba su muerte y pensando que estaba equivocado me apee del autobús para comprar el periódico.
Compré todos los periódicos de ese día y los que siguieron llegando por la tarde a las tiendas de revistas junto al río Coatzacoalcos, en la ribera de Minatitlán. Pero no estoy aquí para recordar, dijera Antonio Cisneros, sino para preguntarme por la significación de la muerte de Lennon en nuestros días.
Si te interesa este artículo y quieres continuar leyendo te invito a visitar la publicación en el Blog de la Redacción de Letras Libres.

lunes 16 de noviembre de 2009

LEER CANSA

En algún momento propuse a El Semanario Cultural, añorado espacio del hoy extinto periódico Novedades, una columna que sirviera como una suerte de diario. El nombre propuesto era Dietario, en homenaje a Pere Gimferrer, quien ensayó una columna semejante, que reunió después en libro. En cierta forma los blogs comparten esa idea: presentarse como diarios íntimos sin serlo. Yo asumo esta escritura, la de este blog con entradas dispersas, como una muestra de una escritura en primera persona pero cuya confesión está tamizada por el respeto a los otros. Interrogado sobre la naturaleza íntima de sus diarios, respondió Gmferrer: "No, mi dietario no es un verdadero diario íntimo, sino una sucesión de ensayos breves." Ofrezco una entrada de este dietario fantasmagórico.


Esta tarde de noviembre velada por un viento ligeramente borrascoso me encuentro con una chica que acostumbra inquirime sobre la escritura o la literatura. Otra vez me dice que quisiera escribir, que deberían ofrecerse talleres para aprender a escribir; “en la editorial son egoístas”, agrega. Aclaro que el único objetivo de la editorial es preparar libros para su edición y que ya es suficiente que se realice una feria del libro, actividad tan ajena a la labor editorial como un congreso gastronómico a la de un restorán y en seguida le pregunto, para no parecer demasiado grosero, si no lleva cursos de redacción —estudia periodismo; eso creo—, aun cuando secretamente sé que nada más ajeno a un escritor que un periodista. Responde que sí, pero que desearía aprender otras cosas. Le recomiendo leer. Me confiesa que se aburre y en seguida se duerme.

La administradora del departamento en que trabajo el otro día me pidió consejos para pensar más lógicamente y acaso también redactar mejor un oficio, una carta. Le sugerí leer. Confesó que carecía del hábito; de niña no se acostumbró a la lectura. Su rostro agostado se sonrojó ligeramente y me dijo que se dormía cuando comenzaba a leer.

¿Por qué se asocia la lectura con la somnolencia cuando no francamente con el aburrimiento? En ocasión de una demanda interpuesta por mi casateniente por no pagar a tiempo, esperaba la resolución repatingado en una incómoda silla de plástico naranja. Mi abogado, harto de trajinar por el reducido espacio de la oficina del Ministerio Público, finalmente me preguntó cómo era posible que pudiera leer, que él se aburría cuando leía. A veces, cuando viajo en taxi y voy leyendo, el conductor se afana en conversar conmigo. Debe pensar que estoy muy aburrido leyendo. No sé nunca cómo decirle que no me interesan sus comentarios sobre el clima ni sobre el mundo.

Leer y estudiar son oficios ajenos, que suelen confundirse. En tanto el vulgo ignora que la lectura es una fuente de placer, la imagen de un muchacho, un hombre o un anciano ensimismado en la lectura, invoca una autoridad de sapiencia o de labor continua. Como la concentración en la pantalla del computador. En mi oficina me dedico a extrañas labores: redactar cartas en nombre del rector cuya redacción terminará embrollando su escribano personal, fichas catalográficas o búsqueda de información por internet. Podría ser un estupendo trabajo, pero la cháchara de mis compañeros de trabajo me repugna. Siendo hijo único, un joven solitario y durante muchos años un trabajador independiente, no estoy acostumbrado al embrutecimiento del trabajo en oficina. Me molestan las peticiones para convivios; pretextos para engullir más grasa, más harina, más azucar, como si fuera necesario convertirse en seres más feos de lo que ya somos; detesto los acordes ramplones de las canciones populares; las honrosas pruebas de lerdez de ciertos compañeros que se ufanan en saber inglés o redacción y que sólo exhiben su insondable cretinez. Prefiero dedicarme a mi computadora. Mis compañeros piensan que trabajo. Antúnez me comentaba que cuando trabajaba en la Secretaría Técnica de Gobierno del Estado llegaba temprano para escribir sus cuentos y todos pensaban que era un trabajador ejemplar, aunque algo extraño porque no se prestaba a la conversación ni salía a desayunar tacos de canasta en la esquina de Leandro Valle —prefería comprar chiles rellenos y tlacoyos en Sebastián Camacho. Marco Tulio Aguilera ha escrito la mayor parte de su obra narrativa en horas de oficina y en recompensa le han premiado con un decanato como el empleado más productivo de la universidad.

La mentalidad burocrática no se interesa por la productividad auténtica sólo por su simulacro, de manera que uno puede estar seis horas en el trabajo aunque en realidad sólo dedique una —o ninguna— a las labores por las cuales deviene el salario. Gracias a la ignorancia uno puede aprovechar ese límite, ese excendente, que es leer, aislarse, pensar.

¿Qué se escabulle detrás de esas imágenes pradójicas de la lectura? Un hombre ensimismado en un libro es un sabio; un hombre escudado tras la pantalla de su ordenador, es un empleado ejemplar. ¿Por qué entonces los legos cuando toman un libro suelen dormirse? ¿por qué esa asociación entre lectura y cama? Quizá porque la incapacidad para vincular la escritura con los conceptos, la inhabilidad para el pensamiento abstracto, propicia marasmo en la conciencia. A mi hijo Ezra, a quien de niño le permití entregarse a los demonios de la televisión y los juegos de video, le he impuesto ahora una dieta de lectura. Me alarmó advertir que para una tarea relativa a la problemática de las drogas, era incapaz de leer los artículos de Savater al respecto o el reportaje de Guy Sorman en Esperando a los bárbaros. Los artículos no eran extensos, el prólogo no era complicado, ¿por qué entonces la renuencia? Con pasmo descubrí que Ezra no podía seguir un argumento, que estaba imposibilitado para el pensamiento abstracto.

Algo hay de cierto en que la lectura causa sueño, pero también hay un extraño vínculo entre lectura y cama. Grandes lectores surgieron de la convalescencia. Roland Barthes cuenta su descubrimiento de Michelet en la cama y Alberto Manguel asocia el comienzo de su vida de lector con los ataques de asma. Pero también es necesaria la división entre lecturas. Sostengo que la poesía, la filosofía y las novelas difíciles deben leerse sentado, de preferencia frente al ordenador, en mi caso. Eso me predispone a una mayor concentración. Siento que comprendo mejor y además puedo transcribir una cita si lo juzgo oportuno. Para la cama, para los días en que de mañana me siento demasiado cansado para emprender mis labores o para ejercitarme físicamente, me amodorro con una novela. También he descubierto que si quiero dormir temprano debo leer un poco en lugar de seguir algún programa o cinta por televisión. Las imágenes nos desvelan, las palabras nos arrullan. Acaso quienes leen y se duermen en realidad están recuperando la imagen primordial de la madre leyendo. Felices sueños.